
Aunque le falta la antipatía y la soberbia de Mario Vargas Llosa no se deja de percibir un aliento impostor en Lourdes Flores Nano, canditata a la Presidencia de la República por Unidad Nacional.
Más que por ella misma, son los que la rodean que generan esa sensación de estafa, ese sentimiento de vacío inquietante que procede de la sospecha de una traición. Siento como si, descalso, pisara el bosque; situación en la cual no sabes si tus plantas iran a posarse en una espina o si una serpiente morderá tu desamparado dedo.

¿Quizás sea Paniagua, Salinas o Diez Canseco?. No lo sabemos todavía, pero sospecho que uno de ellos recibirá los votos de la gente hastiada, renegada de tanto despliegue oligárquico, de tanto derroche de dinero que ofende a los pobres que visita y encandila Lourdes en su recorrido populachero.

Aunque, como ya dijimos, ella no tiene la antipatía y la soberbia del escritor, si hay personajas que están detrás que huelen a estafa y traición: uno de ellos es Woodman. Sí él, el mismo que pavimentó las canchas de los estadios con latex y el que, al parecer, tiene vendida su alma al diablo. Ahora su mira está en los puertos peruanos. Este señor pretende ser Vice Presidente de la República.

¿Es santa la lidereza de Unidad Nacional?. NO, sin lugar a dudas. Ella es, como sospechamos, la candidata de la gran empresa; esto es, de las mineras que depredan el suelo patrio y contaminan el ambiente; de esas grandes tiendas que no pagan impuestos y que explotan a jóvenes desesperados y sin futuro.
Por eso no votaré por Unidad Nacional.
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